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Nacho R. Piedra

Director

No sería la persona que soy sin ti, amigo Ernesto. Referente, compañero, jefe bondadoso, sabio sin ostentación, fan del humor negro y absurdo, ejemplo hasta en la forma incondicional (y mutua) de amar a tu pareja de toda la vida, la gran Ana… y, por supuesto, músico brutal de The Pribata Idaho o Grupo Salvaje, siendo un maestro incluso más allá de la música… Me conociste adolescente y me trataste como a un igual desde el principio, aún siendo yo un poco desgracia (una de nuestras palabras favoritas). Aprendí mucho a tu lado, tanto en lo laboral como en lo personal, y con esta despedida musical que solo tú podías hacer – sobria, directa, sencilla, humilde, elegante, cruda – sigo aprendiendo. Aquí me dirías «¡Chino! ¿Y tanto adjetivo? ¿Lo aprovechas todo, como con el cerdo o qué?» Y nos partiríamos de risa una vez más.
Siempre me sentí un afortunado por poder trabajar junto a ti, sentirme tu mano derecha por momentos, en tantas ediciones del festival que hiciste crecer y del que los amantes de la música te deben tanto. Pero lo que más me gustaba de trabajar en el festival era trabajar contigo, el ambiente que creabas en la oficina, las risas y las horas de comer juntos y, por supuesto, la «descompresión nihilista», que así bautizaste nuestra despedida y cierre de cada edición veraniega.
Gracias por tanto, gracias por todo. Feliz descompresión nihilista, amigo, te la has ganado con creces y has dejado un reguero de amor, bondad, talento y admiración por cada sitio que has pisado.
Te quiero, Ernest, Pike, Eglez… «todo mi amor, todo mi amor, todo mi amor es para ti» ❤️😔